Diez hábitos que dañan el cerebro

Algunos hábitos del día a día pueden perjudicar al cerebro


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Posiblemente el cerebro es el órgano vital que menos nos preocupamos de cuidar, a pesar de su más que obvia importancia. La fatiga, la falta de concentración, la pérdida de memoria, la desorientación... pueden ser señales de que algo no estamos haciendo bien con él. Por ello es fundamental conocer qué hábitos cotidianos pueden estar dañando nuestro cerebro, para poder prevenirlos, y así mejorar nuestra salud mental.







1. No desayunar:

Durante las primeras horas del día, el cerebro requiere de muchos nutrientes para gestionar todos los procesos fisiológicos a los que está sometido. Si suprimimos el aporte energético del desayuno, el cerebro acudirá a las reservas para funcionar correctamente, lo cual implica un esfuerzo extra. La falta de desayuno puede provocar mal humor, falta de energía y pérdida de concentración.



2. Tabaquismo y alcoholismo:


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Está demostrado que fumar reduce la masa cerebral, además de reducir significativamente el aporte de oxígeno que llega al cerebro. El tabaco también acelera la aparición de enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer, eso sin contar que el hábito de fumar interfiere en la correcta reproducción del ADN, provocando la formación de células cancerosas.

Por otro lado, el alcohol daña el hígado, el corazón y principalmente, el sistema nervioso. Este hábito provoca la muerte de neuronas, reduce la velocidad de los impulsos nerviosos entre ellas y altera negativamente el funcionamiento del cerebro.



3. Consumo elevado de azúcares:

El exceso de azúcares refinados en nuestra dieta, sumado a una alimentación poco equilibrada, provocará la acumulación de sustancias nocivas en nuestro cuerpo, que a la larga pueden provocar tumores, afectar al sistema inmune, y también interferir con el desarrollo neurológico.




4. Exposición constante a ambientes contaminados:


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El cerebro necesita un suministro constante de oxígeno, por lo que, cuánto más contaminado sea el aire en el entorno en el que nos movamos, más afectarán estas sustancias tóxicas al intercambio de gases, el transporte y la incorporación del oxígeno a las células, y más disminuirá por tanto la eficiencia cerebral.






5. No dormir lo suficiente:

Dormir menos de ocho horas impide que se culminen los procesos metabólicos que el cerebro necesita para descansar y para que se produzca la renovación celular. Dormir mal o poco acelera la muerte de células cerebrales y te puede mantener cansado y de mal humor todo el día.




6. Comer de más:


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Ingerir alimentos en exceso nos provocará el endurecimiento de las arterias cerebrales, además del aumento de las grasas en el cuerpo, lo cual inevitablemente influirá en el correcto desempeño de nuestro cerebro.






7. Reacciones violentas o estrés prematuro:

El estrés puede causar múltiples efectos adversos en nuestro sistema nervioso, entre ellos la reducción de nuestra capacidad mental y el aumento de riesgo de sufrir derrames cerebrales e infartos.



8. Cubrirse la cabeza mientras se duerme:


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Dormir con la cabeza cubierta aumenta la concentración de dióxido de carbono que respiramos y disminuye la de oxígeno, por lo tanto, la calidad del aire que respiramos en esta situación puede afectar negativamente a nuestro cerebro.







9. Forzar al cerebro mientras se está enfermo:

No es sano para el cerebro forzarlo trabajando o estudiando más de la cuenta mientras se está enfermo, ya que la energía que usa el cuerpo está canalizada hacía la curación. Si nos esforzamos más de lo necesario debilitaremos a nuestro sistema inmune y disminuiremos la eficacia con la que trabaja nuestro cerebro.



10. Falta de estímulos y de ejercicios mentales:

Nada más saludable para nuestro cerebro que acostumbrarlo a reflexionar y llenarlo de experiencias positivas, además de conversaciones inteligentes, de lecturas y de entretenidos juegos. Esto aumentará nuestra memoria y nuestra capacidad de aprendizaje, así como la velocidad de reacción ante los estímulos. Llenar nuestro cerebro de estímulos es especialmente importante tanto en edades tempranas, como en la vejez, para evitar la aparición de anomalías cerebrales.



Como conclusión, nada mejor para nuestro cerebro que rodearse de un ambiente lleno de aire puro, comer sano, dormir bien y abandonar en la medida de lo posible el estrés y los hábitos tóxicos.



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