Volver a vivir tras la pérdida de un hijo

La Fundación Menudos Corazones da apoyo a niños con cardiopatías congénitas y a sus familias.

Este grupo formado por 18 personas, padres y madres, tienen en común haber perdido a un hijo. Juntos elaboraron en 2012 la guía “Primeros Momentos tras la Pérdida de un Hijo”, basada en las dolorosas vivencias compartidas en los grupos de duelo, con el fin de ayudar a los demás padres y madres a sobrellevar esta trágica experiencia. No es un manual sobre como sentirse ante estas situaciones difíciles de imaginar para quién no las sufre, más bien muestra una serie de estrategias que ayudan a pasar este trance.

¿Qué se siente al recibir la noticia?

Los primeros momentos son clave en el modo en que se afrontará la pérdida después. Este es un repaso de los sentimientos más frecuentes:

Al comienzo se entra en shock, se tiene una cierta sensación de irrealidad, el dolor es demasiado grande como para reconocerlo, no parece que te esté pasando a ti. Es posible incluso no recordar bien lo sucedido en esos momentos. Sabemos que ha ocurrido, pero se cae en la negación porque es una forma de no querer aceptar lo que ha pasado, también podemos paralizarnos o bloquearnos. La percepción del tiempo varía, queremos pararlo en un momento de falta de fuerzas y de decisiones difíciles, nos movemos por inercia. Esta anestesia de sentimientos es un mecanismo de defensa ante el dolor, que inevitablemente sobreviene.

El dolor se vuelve una sensación física, cuesta respirar y nos invade un vacío porque una parte de nosotros se ha ido. En un momento dado los sentimientos empiezan a cobrar identidad y la tristeza se une al dolor. Después se siente abatimiento, como un peso que se viene encima que hace difícil conciliar el sueño, y se ha de convivir con el cansancio físico. En medio de este torbellino, inevitablemente surge la pregunta “¿Por qué?”, es cuando se hace un repaso de todas las decisiones tomadas y se siente culpa. Lo importante es reconocer que se puso empeño en que todo saliera de otra manera y eliminar los pensamientos que nos asaltan para no caer en obsesiones. Se siente fracaso por no haber sabido cambiar un destino torcido, impotencia y rabia, también miedo a convivir con el dolor y la carga de la pérdida. Por último es posible sentir alivio, no está mal sentirlo, se siente que nuestro hijo ha dejado de sufrir y que todo ha acabado.



El entorno y la importancia de las personas

A menudo los hospitales son fríos, ajenos y carentes de calma, por eso en estos ambientes la intimidad se vuelve necesaria. Es fundamental para los padres poder estar a solas con sus hijos y expresar sentimientos, recuerdos y despedidas. Estar en un ambiente desorganizado aumenta la inseguridad, por ello hay que lograr que los padres no pierdan la sensación de control.

Más importante que el lugar, son aquellos que nos rodean en estos momentos difíciles, en los que el personal sanitario juega especialmente una gran responsabilidad.

Los médicos deben explicar las cosas con claridad para ayudarnos a entender lo que está pasando, esto facilitará la gestión emocional que haremos en un futuro. A este respecto, el personal sanitario debe evitar el silencio o la información innecesaria.
Que nos hablen con sensibilidad y recibir un trato cercano es imprescindible, un hijo no debe ser tratado como un caso clínico y despersonalizado, la empatía recibida siempre se recuerda con cariño. Los padres también agradecemos tener la posibilidad de elegir y que no presupongan lo que es mejor para nosotros.

La presencia de la familia y de los amigos reconforta y consuela, tanto en los primeros momentos como en los meses posteriores. Se valora mucho la empatía así como toda la compañía y el cariño respetuoso que se reciba, siempre y cuando nos dejen espacios de soledad para no llegar a agobiarnos. Ayuda bastante que respeten las decisiones que tomamos, sin críticas ni imposiciones, preguntando y dejándonos hablar en todo momento.

La familia y los amigos deben ayudar con los asuntos prácticos y los trámites, esto es importante en un momento difícil en el que no se tiene la mente fría. La muerte se trata en nuestra sociedad como un tema tabú, por desgracia este silencio aísla más que ayuda, es un error frecuente que no nos hablen del hijo perdido por miedo a hacernos sufrir, sin embargo tenemos la necesidad de recordarlo y de ver que es recordado por los demás. El dolor posterior no sólo está asociado al hecho de la pérdida, sino también al cómo, a las circunstancias que la rodearon.

¿Qué podemos hacer nosotros mismos?

Las emociones y los pensamientos no son en sí buenos o malos, aunque sí lo es lo que hacemos con ellos, por lo tanto es una cuestión de actitud.

Respecto al manejo de los sentimientos, hay que evitar la culpa y el miedo, la culpa nos estanca en el pasado mientras que el miedo nos paraliza. Por otra parte, no hay que avergonzarse de utilizar el llanto como desahogo, a veces acompañados y a veces en la intimidad.

Respecto al manejo de los pensamientos, no ayuda pensar que nuestro dolor es único porque nos encierra en nosotros mismos y nos hace tener una actitud que nos aleja de los demás. No debemos hacernos preguntas sin respuesta porque nos lleva a obsesionarnos, tampoco ayuda recordar solo las cosas negativas, de hecho, recordar las cosas positivas puede ser igualmente doloroso, pero nos ayuda a enfrentar la ausencia y a pensar que lo vivido mereció la pena. Es importante reconocer que tras un proceso tan difícil, hemos descubierto valores nuevos en nosotros mismos, es un primer paso para centrarnos en los pensamientos positivos.


Respecto a lo que hacemos, no es sano aislarse pensando que no necesitamos a los demás, ni tampoco lo es esperar cosas de ellos sin decírselo, a veces culpándoles por no adivinar lo que necesitamos. No se deben abandonar las aficiones que nos gustan ni prohibirnos la sonrisa, de la misma manera que no ayuda forzarnos a estar bien todo el rato. Hay que evitar las conductas compulsivas que surgen de la ansiedad, como los vicios o comer en exceso, del mismo modo hay que evitar tomar decisiones precipitadas, como buscar un nuevo embarazo sin terminar de estar bien. En cambio, puede ser positivo hacer homenajes para hacer tangibles los buenos recuerdos de nuestro hijo, por ejemplo plantar un árbol, llevar algún amuleto o elaborar un álbum de fotos. Es recomendable también escribir aquello que sentimos y que nunca pudimos decir en una carta imaginaria, estos actos simbólicos tienen bastante fuerza en nuestro lado emocional. Por último, hay que proponerse metas que poco a poco vayamos cumpliendo, permanecer activos nos hará recuperar las ganas de enfrentarnos al día a día.



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